UN CUENTO DE UNA VENDEDOR AMBULANTE, DEDICADO A VENDER SUS CUENTOS EN LOS BUSES DE LA CIUDAD DE BOGOTÁ, COLOMBIA.
"El Vendedor de lágrimas y sonrisas
Un hombre vendia a gritos en la calle lágrimas y sonrisas, y le iba bastante bien, aunque siempre encontraba gente que discutia los precios y le solicitaba rebajas. El, a menudo accedia, siempre con una sonrisa... Así pudo vender muchas lágrimas que le encargaban de apuro para velorios y otras desgracias.
Gran cantidad de sonrisas eran pedidas para fiestas, cumpleaños, bautismos, casamientos y otros eventos alegres.
Tal era el éxito de sus ventas, que el hombre supo que había llegado la hora de abandonar la venta en la calle y montó entonces una empresa con muchas sucursales.
Un día desde su oficina escucho gritos que venian del pasillo, cuando se asomó pudo ver a dos guardias de seguridad forcejeando con un hombre de aspecto desalineado.
-¿Qué es lo que ocurre?-Preguntó
- Este vagabundo insiste en que quiere darle algo- Respondió uno de los guardias.
-¿Quién es usted y que es lo que me quiere dar?- Indagó malhumorado el vendedor, ahora empresario.
El hombre lo miró suavemente a los ojos y con una paz tremenda en sus palabras le contestó:
- Soy el que te espera y vengo a dejarte algunas lágrimas.
- No me hagas reir, todo lo que tengo lo he conseguido precisamente vendiendo lágrimas y sonrisas.
- Pero estas no son cualquier lágrimas, son tus últimas lágrimas.
- No me interesan, tengo de sobra, vayase.
Es una lástima, querrás estas últimas lágrimas llegado el momento y no las tendrás- Dijo tristemente el hombre y se marchó lentamente. Antes de desaparecer se dió vuelta y con mucha calidez le recordó: "Soy el que te está esperando".
Este episodio quedó pronto en el olvido y con el tiempo el vendedor dedicó sus últimos años a disfrutar de sus ganancias.
Y ya en el lecho de muerte cuando se despedia de sus seres queridos, tuvo ganas de llorar y no pudo, y cayó entonces en el absurdo de que él, el mayor vendedor de lágrimas y sonrisas no tenía sus últimas lágrimas, las que había ofrecido aquel vagabundo, el que dijo que lo estaba esperando... "
AUTOR: ANÓNIMO
Este grupo de personas, se caracteriza por comunicarse a través de un lenguaje visual. Como son una comunidad, dispersa en un espacio tan grande, la comunicación entre ellos se basa en señas y gestos. Por ejemplo: cuando llega la policía, el vendedor ambulante que se encuentra “haciendo patrulla” le avisa al resto con aplausos, silbidos o levantando las manos, que tienen que desalojar y recoger las cosas. Cuando necesitan cambiar un billete, simplemente lo elevan y lo muestran a los demás.
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