A
pesar de que la economía informal puede representar un problema para las
diversas fuerzas estatales y distintos ámbitos del país, no todo es malo en
este sector. Se puede apreciar altos índices de emprendimiento y casos de
personas que han triunfado económicamente teniendo como punto de partida esta
modalidad. Es un ejemplo estos personajes, demuestran cómo empezaron con sus pequeños
negocios y hoy en día se han convertido en grandes empresarios, siendo
determinantes e influyentes en el funcionamiento de la economía de las
ciudades. Lo anterior no quiere decir que estos sean el modelo a seguir y los únicos
que haya que recordar y destacar, los vendedores ambulantes puede que no
cuenten con un alto poder adquisitivo, pero gracias a este proceso que han llevado
a cabo durante años, millones de familias cuentan con una serie de ingresos que
permiten el sustento diario, sin la existencia de esta economía, probablemente
un alto índice de personas se encontraría en la pobreza.
Este grupo de personas, se caracteriza por comunicarse a través de un lenguaje visual. Como son una comunidad, dispersa en un espacio tan grande, la comunicación entre ellos se basa en señas y gestos. Por ejemplo: cuando llega la policía, el vendedor ambulante que se encuentra “haciendo patrulla” le avisa al resto con aplausos, silbidos o levantando las manos, que tienen que desalojar y recoger las cosas. Cuando necesitan cambiar un billete, simplemente lo elevan y lo muestran a los demás.
martes, 16 de octubre de 2012
lunes, 15 de octubre de 2012
Detrás de esta cortina de ideas se encuentran personas interesadas en ayudar a estos vendedores con subsidios u ofreciéndoles mejores oportunidades de trabajo o hasta facilitándoles la capacitación en áreas determinadas como en el caso del “SENA”, que es una institución que ofrece cursos en áreas determinadas a muy bajo costo y con buenas posibilidades de financiación. Pero esta es la solución que se da solo a una parte del problema porque cuando culminen sus capacitaciones en dónde podrían ejercer sus nuevos conocimientos?
Se pretende con este proyecto dar a conocer a la sociedad un fenómeno que no se encuentra solo en Colombia, si no en varios países, que nos afecta a todos y que todos deberíamos conocer la razón de ser de este empleo informal de vendedores ambulantes y las causas que los llevan a este.
Es necesario recalcar el caso de los vendedores ambulantes que se encuentran en este y muchos países. Estas personas buscan la manera de subsistir y brindar un hogar a su familia así sea en contra de la ley pero ellos recurren a este trabajo por la falta de opciones de empleo, opciones que perdieron por la falta de facilidades de estudio, ya que nos encontramos en una sociedad movida por el dinero y no por las personas.
Entonces se observan en la calle a estas personas a la intemperie y con el peligro de que alguien los atraque, porque se encuentran en un entorno en el cual hay mucha inseguridad y además sufriendo y penando para que la policía no les quite el trabajo decomisando su mercancía, porque es “ilegal”, pero no es ilegal que en el gobierno se pierdan $1.000.000.000 al año que dan para proyectos que no se realizaron.
Por otra parte vemos a estos adultos trabajando de forma muy honrada y dándoles ejemplo a todos los colombianos de que aún podemos trabajar unidos y sin conflictos para buscar un mejor mañana.
Entrevista a un Ciudadano
Es
fácil criticar y oponerse a los trabajos de estas personas, es normal encontrar
en los transeúntes un alto descontento con estas prácticas que van enmarcadas
en la ilegalidad ya sea porque invaden el espacio público, representan un
peligro para la sociedad e inclusive son considerados contaminación auditiva y
visual, sin embargo es pertinente entender algunas de las causas que llevan a
estas personas a realizar estas modalidades y estilos de vida.
CUENTO
UN CUENTO DE UNA VENDEDOR AMBULANTE, DEDICADO A VENDER SUS CUENTOS EN LOS BUSES DE LA CIUDAD DE BOGOTÁ, COLOMBIA.
"El Vendedor de lágrimas y sonrisas
Un hombre vendia a gritos en la calle lágrimas y sonrisas, y le iba bastante bien, aunque siempre encontraba gente que discutia los precios y le solicitaba rebajas. El, a menudo accedia, siempre con una sonrisa... Así pudo vender muchas lágrimas que le encargaban de apuro para velorios y otras desgracias.
Gran cantidad de sonrisas eran pedidas para fiestas, cumpleaños, bautismos, casamientos y otros eventos alegres.
Tal era el éxito de sus ventas, que el hombre supo que había llegado la hora de abandonar la venta en la calle y montó entonces una empresa con muchas sucursales.
Un día desde su oficina escucho gritos que venian del pasillo, cuando se asomó pudo ver a dos guardias de seguridad forcejeando con un hombre de aspecto desalineado.
-¿Qué es lo que ocurre?-Preguntó
- Este vagabundo insiste en que quiere darle algo- Respondió uno de los guardias.
-¿Quién es usted y que es lo que me quiere dar?- Indagó malhumorado el vendedor, ahora empresario.
El hombre lo miró suavemente a los ojos y con una paz tremenda en sus palabras le contestó:
- Soy el que te espera y vengo a dejarte algunas lágrimas.
- No me hagas reir, todo lo que tengo lo he conseguido precisamente vendiendo lágrimas y sonrisas.
- Pero estas no son cualquier lágrimas, son tus últimas lágrimas.
- No me interesan, tengo de sobra, vayase.
Es una lástima, querrás estas últimas lágrimas llegado el momento y no las tendrás- Dijo tristemente el hombre y se marchó lentamente. Antes de desaparecer se dió vuelta y con mucha calidez le recordó: "Soy el que te está esperando".
Este episodio quedó pronto en el olvido y con el tiempo el vendedor dedicó sus últimos años a disfrutar de sus ganancias.
Y ya en el lecho de muerte cuando se despedia de sus seres queridos, tuvo ganas de llorar y no pudo, y cayó entonces en el absurdo de que él, el mayor vendedor de lágrimas y sonrisas no tenía sus últimas lágrimas, las que había ofrecido aquel vagabundo, el que dijo que lo estaba esperando... "
AUTOR: ANÓNIMO
"El Vendedor de lágrimas y sonrisas
Un hombre vendia a gritos en la calle lágrimas y sonrisas, y le iba bastante bien, aunque siempre encontraba gente que discutia los precios y le solicitaba rebajas. El, a menudo accedia, siempre con una sonrisa... Así pudo vender muchas lágrimas que le encargaban de apuro para velorios y otras desgracias.
Gran cantidad de sonrisas eran pedidas para fiestas, cumpleaños, bautismos, casamientos y otros eventos alegres.
Tal era el éxito de sus ventas, que el hombre supo que había llegado la hora de abandonar la venta en la calle y montó entonces una empresa con muchas sucursales.
Un día desde su oficina escucho gritos que venian del pasillo, cuando se asomó pudo ver a dos guardias de seguridad forcejeando con un hombre de aspecto desalineado.
-¿Qué es lo que ocurre?-Preguntó
- Este vagabundo insiste en que quiere darle algo- Respondió uno de los guardias.
-¿Quién es usted y que es lo que me quiere dar?- Indagó malhumorado el vendedor, ahora empresario.
El hombre lo miró suavemente a los ojos y con una paz tremenda en sus palabras le contestó:
- Soy el que te espera y vengo a dejarte algunas lágrimas.
- No me hagas reir, todo lo que tengo lo he conseguido precisamente vendiendo lágrimas y sonrisas.
- Pero estas no son cualquier lágrimas, son tus últimas lágrimas.
- No me interesan, tengo de sobra, vayase.
Es una lástima, querrás estas últimas lágrimas llegado el momento y no las tendrás- Dijo tristemente el hombre y se marchó lentamente. Antes de desaparecer se dió vuelta y con mucha calidez le recordó: "Soy el que te está esperando".
Este episodio quedó pronto en el olvido y con el tiempo el vendedor dedicó sus últimos años a disfrutar de sus ganancias.
Y ya en el lecho de muerte cuando se despedia de sus seres queridos, tuvo ganas de llorar y no pudo, y cayó entonces en el absurdo de que él, el mayor vendedor de lágrimas y sonrisas no tenía sus últimas lágrimas, las que había ofrecido aquel vagabundo, el que dijo que lo estaba esperando... "
AUTOR: ANÓNIMO
domingo, 14 de octubre de 2012
HISTORIA AMBULANTE
Los vendedores ambulantes han estado presentes en diversos capítulos de la historia bogotana. Han acompañado el crecimiento de la ciudad, siendo parte de sus escenas más pintorescas, y al mismo tiempo, objeto de una problemática que se torna cada vez más preocupante.
"Eran ambulantes las aguateras que iban calle arriba calle abajo, con sus múcuras de barro, desde las pilas hasta las casas, y hoy todavía, como en aquellos primeros tiempos, se ven burros cargados con ramas de eucalipto que recorren la ciudad de norte a sur para que los clientes hagan el sahumerio de costumbre. A comienzos del siglo XX fueron símbolos de la ciudad los voceadores de prensa y los vendedores de lotería., hasta que fue construida, entre otras, la plaza del 20 de julio, y los mercados ambulantes de Corabastos.
Fueron ambulantes los campesinos que venían de regiones cercanas y se instalaban en calles de barrio, todos los domingos, para ofrecer los frutos de sus cosechas, tal como sucedía por ejemplo en la calle 27 sur, entre carreras 6a y 10a. Y eran ambulantes también esos chinos que dotados con carritos esferados ofrecían a las señoras llevarles el mercado hasta la casa.
Ambulantes aquellos vendedores de comestibles y pastillas para evitar el mareo que recorrían los alrededores de las agencias de transporte de pasajeros, hasta 1983, cuando se inauguró el terminal de transportes. Y ambulantes los libreros de la avenida 19, antes de ser trasladados a la avenida Primero de Mayo, en el sector de Kennedy.
Ambulantes y transitorios aquellos jugueteros que se tomaban la avenida 19 en época de Navidad, y los vendedores de matracas y escapularios en los alrededores de las iglesias durante Semana Santa. Vendedores de rosas rojas y tarjetas para el día de la madre o de productos en cosecha y cachivaches en los semáforos.
Ambulantes los lustrabotas que trasegaban, cada vez en mayor número, los alrededores del comercio y las oficinas hasta el día en que instalaron sus puestos de trabajo en los parques de Lourdes, Nieves, Chapinero, Plaza de Bolívar y plazoleta El Virrey, entre otros.
El número y la diversidad fue creciendo sin que muchos cayéramos en cuenta, porque esta ciudad cambia de tal manera, que de tanto vivirla se pueden pasar por alto incluso las transformaciones más evidentes , dice Gabriel Cabrera, el primer reportero urbano que tuvo Bogotá, testigo de excepción en el devenir de los últimos 50 años de esta ciudad.
Hace poco más de 20 años - agrega- , me inquietaba el hecho de empezar a ver hombres comerciando con esmeraldas en plena avenida Jiménez. Recuerdo que me dirigí a la oficina del entonces secretario de Gobierno, Daniel Mazuera, y me respondió que el Distrito no estaba facultado para retener personas que tuvieran unas esmeraldas en el bolsillo, y que las ofrecieran a quien pasara .
Cabrera presenció, en los años 70, la forma en que sobre la carrera 10a, los propietarios de los almacenes sacaban los artículos al andén para aprovechar el paso de peatones, y la negativa de muchos a abandonar sus kioscos y casetas, porque según ellos, ganaban más en estos puestos de venta que en los empleos que ofrecía el alcalde de turno.
Siempre escuché decir, en cada ocasión, que era imposible reubicar a los libreros, o negociar con los de San Victorino, pero siempre termina encontrándose una solución, como estoy seguro que pasará ahora, para bien de todos , concluye Cabrera."
Publicación: eltiempo.com
Sección: Bogotá
Fecha de publicación: 15 de diciembre de 2002
Autor: NULLVALUE
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